Assassin’s Creed IV: Black Flagcarátula de Arcania

Plataforma: PC, Wii U, PlayStation 3, PlayStation 4, Xbox 360, Xbox One.

Desarrollador: Ubisoft.

Género: Acción, aventura.

Jugadores: Un jugador, multijugador.

Localización: Textos y voces en castellano.

 

Assassin’s Creed, a estas alturas de la película, es más que una franquicia de videojuegos. Debido a su gran éxito desde la primera vez que vio la luz allá en noviembre de 2007 (que de eso hace ya un buen puñado de años, no os engañéis), Assassin’s Creed se ha granjeado una legión de seguidores que, al fin y al cabo, han sido el pilar fundamental del triunfo de la saga.

Pero la fama tiene un precio, y en el caso de la saga de Ubisoft el precio a pagar ha sido que mientras que su legión de fans crecía, lo hacía a la par una horda de detractores. Apoyándose en una jugabilidad que critican como repetitiva, unas incidencias técnicas en ocasiones un tanto molestas y unos bugs a menudo hilarantes, son la otra cara de la moneda del éxito.
Assassin’s Creed 4: Black Flag ha llegado para intentar inclinar la balanza a su favor. ¡Veamos cómo se las apaña!

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¡Hagan sus maletas que nos vamos al Caribe!

¿Gloria Stefan? ¡NO! Aquí hemos venido a hablar de Edward Kenway. Retrocedamos 299 años…

Principios del siglo XVIII. Corre el año 1715 y al señor Kenway (que no es un hombre particularmente noble) no le gusta demasiado su vida en Gales. Porque el señor Kenway quiere dineros, y los quiere ya. Porque el señor Kenway quiere ser capitán pirata. A grandes rasgos éstas son las principales motivaciones de nuestro protagonista para abandonar su amada (o no tanto) tierra, dejando atrás incluso a su esposa, para iniciar la búsqueda del destino que desea. Y es así como acabamos en las cálidas aguas caribeñas. Pero en esas aguas no sólo hay oro español hundido o islas (que las hay, y bastantes) llenas de misteriosas ruinas. En el caribe hay asesinos y templarios… y eso va a suponer un grave problema.

La venida de nuestro nuevo protagonista nos trae, además del precipitado (y en mi opinión acertado) abandono de Connor (que casualmente es nieto del nuevo protagonista, oiga), una baja que quizá sea más notable: ya no controlaremos a Desmond. El “verdadero protagonista” de Assassin’s Creed queda detrás de un velo en favor de un anónimo trabajador de Abstergo Entertainment. Se trata de una empresa filial de la Abstergo que todos conocemos (un evidente cameo de la propia Ubisoft dentro de su propio juego). Nuestro nuevo “héroe contemporáneo” hará uso de un equipo de la empresa para conectar con los recuerdos de Desmond, mecánica que como ya es costumbre nos llevará a revivir las aventuras almacenadas en su ADN.

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Dejando de un lado los detalles de la historia, lo primero que observaremos es que estamos ante un planteamiento mucho más ágil que el que tuvimos en AC III. Antes de darnos cuenta ya estaremos “metidos en harina”. Nada de enormes elipses introductorias, nada de subtramas “sorpresa” que hacen que nuestras primeras horas de juego caigan en saco roto. Y eso, queridos amigos de Ubisoft, es algo muy de agradecer.

Una historia que no es nada del otro mundo pero que está perfectamente atada, un universo exquisitamente ambientado y rico en detalles dispuesto para la ocasión y un personaje descarado y carismático. Perfecta mezcla que nos dejará el regusto de haber vivido una verdadera y enorme aventura pirata.

Sí, muy bien, muy bonito todo… ¿Y cómo se juega?

Exacto, ahora toca hablar de la jugabilidad. Sin lugar a dudas uno de los aspectos que más palos recibe en la franquicia. A lo largo de sus diferentes ediciones se han ido introduciendo cambios de mayor o menor calado en un intento de variar la experiencia jugable, obviamente unas veces con más acierto que otras.

Volvemos a un planteamiento con grandes ciudades llenas de elementos históricos reconocibles y un nivel de detalle y cuidado extraordinarios. Mención especial merece La Habana, primera ciudad que visitaremos, contando también un poco más adelante con núcleos como Kingston y Nassau. ¡Ay, Nassau! ¡El barrio chungo de AC IV!

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La Habana
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Nassau

 

Al margen de los núcleos urbanos tenemos un mar enterito para explorar a nuestro antojo, rico en islas y otros elementos como barcos que podremos abordar, por poner un ejemplo. Resulta además muy grato poder disfrutar de este enorme entorno sin tiempos de carga de por medio: sólo existen estos tiempos de espera en la frontera “ciudad principal – mundo”. Podremos viajar de una punta a otra del generoso mapa en nuestro barco, lanzarnos al agua, explorar tal o cual isla… todo sin necesidad de ver ni un solo “CARGANDO…”.

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¡Cómo una ola…!

AC IV cuenta con la mayoría de componentes jugables de la saga, es decir, sincronizar atalayas, buscar coleccionables, descubrir cofres, algún que otro “minijuego”… Amén de las típicas misiones de espionaje y asesinato, las cuales hay que acusar de un poco repetitivas, ya que la mecánica es idéntica de una a otra y es un recurso demasiado explotado.

Hablemos ahora de los combates. Hablar… o no hablar, porque éste es sin duda uno de los aspectos más “sosos” del título.

A pesar de tener combates con una coreografía más ágil que en entregas anteriores, la inteligencia artificial sigue siendo ciertamente lamentable, y eso lastra la experiencia. Da igual si luchamos contra un enemigo o contra 300, los amables y descafeinados soldaditos esperarán pacientemente su turno individual para atacarnos. Esto se traduce en que sobra con machacar el botón de contraataque en el momento adecuado tantos cientos de miles de veces como haga falta hasta que acabe el jaleo. Teniendo un mínimo de cuidado veremos que morir en AC IV es prácticamente imposible.

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¡Mira mamá! ¡Sin manos!

Estamos en medio de un mar salpicado de islas. ¿Para qué queremos un caballo? Lo que nos viene bien a mano es un barco.

Y es que el barco de nuestro amigo Edward (Jackdaw se llama la criatura) pasará de ser una actividad anecdótica y limitada (AC III) a ser un elemento de suma y evidente relevancia. Por decirlo de alguna forma, el Jackdaw es a AC IV lo que Mascarón Rojo es a Wind Waker. Bueno, pero sin eso de hablar y tal… ya me entendéis. Da gusto tenerlo disponible en cualquier momento para dar un viaje por puro placer o ir a buscar barcos enemigos para abordar y saquear (si les echamos un ojo con nuestro catalejo obtendremos importantes datos para sopesar si el combate sale rentable).

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