Análisis Skyrim: Special Edition

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Análisis Skyrim: Special Edition

Versión: PlayStation 4

Las remasterizaciones están a la orden del día. Por más que se las critique suelen ser siempre récords de ventas, y es que a veces cuesta mantener a raya nuestra vena más fanboy y las ganas de ver nuestros juegos favorito mejorados, aunque sea un juego relativamente moderno (amén de unas consolas que amortizar con un catálogo más bien escaso en novedades). Este es el caso de Skyrim, que acaba de ser actualizado (en ningún sitio indica que sea una remasterización) para plataformas next-gen. En espera del lanzamiento de la sexta entrega de Elder Scrolls, que aún está lejana, Bethesda hace salir al campo a su jugador estrella en PC, Xbox One y PS4.

La sola mención de la palabra Skyrim hace que más de uno se excite, aunque hace ya casi cinco años de su salida. Y es que realmente fue un peso pesado que revolucionó la escena videojueguil de la época. Sí, es cierto, tenía unos bugs como una catedral, que se solucionaban con unos parches gigantescos, que en muchas ocasiones arreglaban algo pero estropeaban otra cosa que antes funcionaba bien, pero ¿qué había mejor que la posibilidad de encarnar al Nacido del Dragón? ¿Quién podía igualar las mil y una opciones de personalizar a nuestro personaje a nuestro gusto? ¿Qué otro nos daba un mundo casi infinito para recorrer a nuestro antojo, viviendo la aventura tal y como nosotros quisiéramos? A fin de cuentas era un capítulo más de la saga Elder Scrolls, la que llevó a Bethesda a la cumbre de su popularidad.

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Pero el género RPG occidental no se ha quedado quieto en todo este tiempo y la irrupción del brujo de blancos cabellos y todopoderosa virilidad ha hecho que la hegemonía de Bethesda ya no esté tan clara. El laureado The Witcher 3 encandiló a propios y extraños ya que, aun contando con mecánicas muy similares tenía una potente historia central, que guiaba todas nuestras acciones, y un carismático protagonista con el que empatizar. Todo esto hacía que, si bien el componente de exploración libre quedaba un poco limitado, también eliminaba el sentimiento de estar perdidos en un vasto mundo, ya que nos daba unas misiones bien definidas y nos hacía involucrarnos más en la temática. Además, por supuesto, de una trama mucho más adulta y un apartado técnico que nos dejó a todos con la boca abierta. A pesar de todo muchos echaban de menos la absoluta libertad de este título que hoy nos ocupa y la posibilidad de construirse su propia aventura y de tener un personaje personalizado al que podían dotar de entidad y personalidad propia.

La característica más destacable de esta Special Edition es la posibilidad de incluir mods en nuestra partida, incluso en las versiones de consola. ¿Quién no tenía el típico amigo que vacilaba de que su versión de PC no solo era mejor gráficamente sino que además era modificable hasta el infinito? ¿Quién no entró nunca en esas comunidades online en las que se veían capturas y vídeos de las modificaciones, que iban desde las pantallas de carga hasta la banda sonora, mientras rabiaba de envidia? Y tenían muchas razones para ello, ya que este juego tenía una comunidad muy activa que creaba mods continuamente, algunos de ellos realmente prodigiosos, que nos permitían personalizar todo tipo de detalles de la partida. Pero todo eso se acabó, porque en esta remasterización podremos descargar e implementar muchas de las creaciones de esta siempre imaginativa comunidad.

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Para descargar los mods debemos crearnos una cuenta oficial de Bethesda (si es que no la teníamos ya) y escoger entre la librería de posibles modificaciones, aunque desde el primer momento se nos advierte que esto podría estropear nuestra experiencia de juego, así que sugiero investigar un poco antes de instalar al tuntún (de todas formas se pueden desactivar cuando queramos, pero aun así, prudencia). O al menos en teoría, ya que mientras en Xbox One se pueden descargar mods de hasta 5GB en PS4, la versión que yo he probado, solo se pueden implementar mods de hasta 1 gb, y además no es posible modificar las texturas. Triste y rancio movimiento por parte de Sony el incluir esta limitación, ya que nos impide disfrutar de algunas de las creaciones más destacables de los usuarios. Minipunto para Microsoft.

En el aspecto técnico el juego ha sufrido un indudable remozado, pero que desde luego no es tan dramático como cabría esperar. Los gráficos han ganado en profundidad de campo, texturas y efectos de luces y sombras pero en general no ha habido un cambio muy drástico. La ambientación y modelado de los personajes se sigue viendo igual que cuando el juego salió en PS3, lo que le sigue dando un aspecto de juego retro que puede gustar a algunos, pero que en absoluto era lo que esperábamos. Si a esto le sumamos que el juego se mueve a 30 FPS (dicen que en Xbox One la tasa sube en ocasiones, pero no llega a los 60 FPS) nos encontramos con que el lavado de cara ha sido bastante superficial. La principal novedad estriba en el aumento de resolución a 1080p, y la compatibilidad con el modo 4K para PC y PS4 Pro, mejoras que a todas luces son insuficientes para disfrutar en todo su esplendor de este clasicazo. La música es la misma de entonces, la banda sonora que nos hacía vibrar y sentir toda la epicidad de las historias de la fantasía medieval, con magia, combates y dragones. Su doblaje y efectos de sonido son también idénticos al original.

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¿Y que hay de los bugs y glitches? Este juego tuvo tantos y tan llamativos que se convirtieron en una de sus características más identificativas, de hecho aún hoy se pueden ver miles de videos en Youtube que los recopilan. Los habrán arreglado todos ¿no? Pues… lo cierto es que no. Son muchísimos menos que antes, eso sin duda, y rara vez afectan al desarrollo del juego, pero no se puede negar que sigue habiendo bugs, algo muy difícil de creer en una actualización de un juego con esta edad y con una comunidad tan activa y con tanto feedback.

Por lo demás el juego no ha cambiado en absoluto. Tenemos el mismo gameplay que la antigua versión, salvo por la adición de los DLC´s que salieron entonces, Dawnguard, Hearthfire y Dragonborn. De hecho, los usuarios de Steam que tuvieran el juego y los DLC´s ya comprados recibirán esta versión completamente gratis, una opción de la que no hemos podido gozar los usuarios de consolas y que levantó mucha polémica cuando fue anunciada. Otro motivo más de “alegría”. Las mecánicas también se mantienen intactas: el sistema de combate, las magias, el crafteo, etc. A fin de cuentas, si algo funciona, para qué cambiarlo.

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En conclusión, este Skyrim: Special Edition es, en general una actualización del clásico que tanto gustó en 2011, pero que tampoco entrará en los anales de historia por partir la pana en cuanto a novedades. Nos trae intactas toda la épica y la magia del original, con el añadido de poder aplicarle muchos de los mods más destacables, lo que hará que la experiencia se adapte aún más si cabe a nuestros gustos, pero no aporta ninguna novedad reseñable que la convierta en algo más que una simple curiosidad. ¿Imprescindible? Ni muchísimo menos, sobre todo si ya hemos disfrutado del original. ¿Recomendable? Sin duda, sobre todo para quienes no hayan vivido aun esta épica aventura (como yo) o para quienes no tuvieron acceso a los DLC’s en su momento. ¿Y para quienes ya jugaron al original, DLC´s incluidos? No podemos poner en una balanza algo tan personal como la nostalgia, que sin duda es uno de los motores que más mueve a los gamers. Los usuarios de Steam no tienen excusa, ya que ellos lo tendrán gratis. Los usuarios de consola son los que deben sopesar la decisión. ¿Estás que te devora la emoción por ponerle las manos encima? Entonces no te cortes, porque en este título vas a encontrar todos los elementos que te enamoraron del juego intactos, con el invalorable añadido de los mods, que sin duda son muy disfrutables. ¡¡Fus Ro Dah!!